Acabo de regresar de un viaje a Fuerteventura haciendo escala en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Paso a relataros mis problemas con el equipaje, por si puedo evitar a alguien el mal trago, aunque me temo que se trata más bien de una cuestión aleatoria, de dar con un tipo de personal u otro, y de falta completa de rigor y claridad en la normativa aplicable.
De cara al viaje de ida, por precaución y con una báscula casera, pude comprobar antes de salir que ninguna de las dos maletas que llevábamos sobrepasara los 23 kg. que ahora nos permiten llevar las grandes compañías, así que no tuvimos problema alguno.
Pero el viaje de vuelta fue bien distinto: evidentemente, no pude de comprobar el peso de las maletas antes de facturar, pero para el trayecto Fuerteventura-Madrid con la compañía Air Europa, no tuve ningún problema ni con las maletas, ni al facturar una sombrilla de playa que compré en destino y que, como en bastantes ocasiones anteriores, había precintado con cinta adhesiva.
En Barajas, donde debía tomar otro vuelo con Iberia para llegar a mi destino, las cosas fueron inexplicable y lamentablemente diferentes: primero, al comprobar en el mostrador de facturación que una maleta pesaba 21.5 kgs. y la otra 25, no tuve más remedio que abrir ambas in situ como otros pasajeros a mi alrededor para repartir el peso, bajo la amenaza de cobrarme por el exceso de 2 kgs. en una de ellas. Ante mi protesta, la operaria se limitó a recordarme que siendo cuatro los pasajeros (mi mujer e hijos y yo mismo), podíamos viajar con cuatro maletas para repartir peso y no tener problemas. Claro, tuve que explicarle que dos de ellos, como podía ver y constaba en la reserva del vuelo, tenían 2 y 4 años, y todavía no entra entre mis perversiones la explotación infantil
La cosa no terminó ahí, y cuando pretendí facturar la sombrilla de playa que acababa de llegar ¡facturada! de Fuerteventura, previa consulta con la compañera de al lado, la misma operaria me anuncia que no se pueden facturar sombrillas

. La única respuesta que obtuve acerca del origen de dicha prohibición fue que podía interponer una reclamación si así lo deseaba en el Servicio de Atención al Cliente.
Resignado y evidentemente cabreado me dirigí a dicho servicio, donde tres empleadas de la compañía mostraron su sorpresa, sucesivamente, por el hecho de que intentara facturar una sombrilla de playa yo, esporádico pasajero, lo he hecho varias veces antes sin problema, y he visto facturar cosas más raras, desde luego; pero tambien se sorprendieron por el hecho de que me hubieran denegado la facturación; y también, y en ¿buena? lógica, por el hecho de que hubiera llegado facturada desde Fuerteventura. Así que, no sin antes afearme mi intención quizás pudiera facturarla embalada, me dijo una de ellas, pero probablemente me costase más que la propia sombrilla, y advirtiéndome de que probablemente no pudiera pasar con dicho artefacto el control de seguridad, la única opción que me dejaron fue interponer una reclamación, cosa que hice
Pero aun hubo más perplejidad: resignados a que nos fuera incautada la sombrilla, en el exhaustivo control de seguridad tuve que sacar de mi equipaje de mano para su exploración un reproductor de DVDs portátil, una videocámara y un par de yogures bebibles destinados a mis hijos. Pero, con la sombrilla... ¡no hubo problema alguno!

Así pues, si por propia comodidad no hubiera decidido entregarla, junto con la silla infantil, a pie pista para que viajase en la bodega, un artefacto con una vara metálica afilada de aproximadamente un metro de largo hubiera podido viajar en la cabina del avión que nos condujo a nuestro destino.
Al final, mi familia, nuestra sombrilla y yo llegamos a casa, pero con unas cuantas dudas: ¿qué pasará la próxima vez que llevemos un exceso de 2 kgs. en una maleta? ¿me harán pagar o no? ¿debo renunciar a volar con niños que no puedan llevar maleta? ¿qué debo hacer la próxima vez que quiera volar con una sombrilla de playa? ¿es menos peligrosa en cabina que unas pequeñas tijeras? Que alguien me lo explique, por favor.
Solo tengo una cosa muy clara: A estas alturas de la historia, en el tema del tráfico aéreo, ni seguridad personal, ni seguridad jurídica.